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Más de 2000 profesionales de la salud apoyan Ley Trasciende y eutanasia

Más de dos mil profesionales de la salud respaldan la Ley Trasciende y piden regular la ayuda médica para morir

Más de dos mil médicas, enfermeras y especialistas del sistema de salud en México respaldaron un pronunciamiento público que insta al Congreso de la Unión a aprobar la Ley Trasciende. Esta propuesta, promovida por Samara Martínez, plantea despenalizar y normar la asistencia médica para morir, con la finalidad de garantizar de manera plena el derecho a una muerte digna.

El consenso que gana terreno entre especialistas de la salud respecto a la urgencia de regular la ayuda médica para morir evidencia que el debate dejó de estar en los márgenes y pasó a plantearse como un tema de derechos, de ética clínica y de política pública. Mediante un desplegado de alcance nacional, más de dos mil profesionales del sector sanitario solicitaron que la Ley Trasciende progrese en el Congreso de la Unión y se convierta en un marco normativo claro que garantice decisiones informadas en la etapa final de la vida. La iniciativa propone equilibrar la autonomía individual con parámetros médicos rigurosos, supervisión institucional y un impulso renovado a la medicina paliativa, de manera que la atención priorice a la persona y no se limite a prolongar la existencia biológica.

Una convocatoria que emerge de la práctica clínica

El pronunciamiento de médicas, enfermeras, especialistas y personal auxiliar surge de una observación diaria: en hospitales, clínicas y hogares se brinda atención a pacientes adultos que enfrentan enfermedades crónico-degenerativas, en fase terminal o con un sufrimiento profundo que no responde a los tratamientos disponibles. En ese contexto, la inquietud sobre cómo acompañar de manera ética y profesional el tramo final de la vida deja de ser un debate abstracto y se transforma en una responsabilidad directa. Quienes respaldaron el desplegado afirman que, en situaciones excepcionales y bajo protocolos precisos, la ayuda médica para morir puede constituir una alternativa compasiva y coherente con el interés superior de la persona paciente, siempre que exista una voluntad clara y plenamente informada.

La petición dirigida al Poder Legislativo no pretende reemplazar la medicina paliativa ni reducir los esfuerzos para mitigar el sufrimiento, sino incorporar al sistema de salud una alternativa regulada para escenarios extremos; desde este ángulo, rehusarse a discutir y establecer normas no frena los hechos, sino que los empuja hacia áreas ambiguas o prácticas ocultas que colocan a pacientes y profesionales ante riesgos sanitarios, inequidades y vacíos de resguardo legal.

Derechos, autonomía y dignidad

El eje de la argumentación es el reconocimiento del derecho a una muerte digna como parte inseparable del derecho a la salud. Este enfoque coloca la autonomía de la persona paciente en el centro: el consentimiento libre, informado y reiterado se vuelve condición indispensable. Quienes respaldan la Ley Trasciende subrayan que impedir toda posibilidad de decisión sobre el proceso de morir vulnera la dignidad humana y desconoce el principio ético de respetar las preferencias de quien atraviesa una enfermedad avanzada o un sufrimiento que no cede frente a tratamientos proporcionales.

La iniciativa también plantea que la evaluación clínica incluya la trayectoria médica, la reacción frente a los tratamientos disponibles, la capacidad para tomar decisiones y la inexistencia de presiones externas. Con ello se busca garantizar que, si en algún momento se considera la elección, esta surja de una comprensión plena, un acompañamiento sensible y una reflexión responsable entre la persona paciente, su familia y el equipo de salud.

Regulación respaldada por salvaguardas rigurosas

Varias y varios firmantes insisten en que la prohibición no hace desaparecer las prácticas de ayuda a morir, sino que las desplaza hacia la clandestinidad. En contraste, una regulación minuciosa permitiría fijar criterios claros, procedimientos con participación de múltiples disciplinas y mecanismos de control que disminuyan riesgos y prevengan irregularidades. La iniciativa legislativa incluiría, entre otros puntos, exhaustivas evaluaciones médicas efectuadas por más de una o un profesional, una documentación detallada del consentimiento, lapsos de reflexión y la participación de comités hospitalarios o instancias similares encargadas de revisar cada situación.

La certeza legal para cada parte involucrada constituye otro elemento fundamental, ya que un marco regulatorio bien definido resguarda a las personas pacientes frente a intervenciones apresuradas o medidas desmedidas, mientras ofrece a las y los profesionales de la salud pautas claras para actuar en situaciones excepcionales. Al establecer obligaciones, límites y procedimientos verificables, la normativa ayuda a que la labor clínica no dependa de interpretaciones volátiles ni del temor a que el acto médico guiado por la compasión y el profesionalismo pueda ser criminalizado.

Relación con los cuidados paliativos

Un equívoco común en la discusión pública consiste en pensar que regular la ayuda médica para morir desplaza o debilita los cuidados paliativos. Sin embargo, la postura de quienes respaldan la Ley Trasciende apunta precisamente a lo contrario: dicha regulación implicaría reforzar la cobertura, la oportunidad y la calidad de la atención paliativa como condición previa para cualquier decisión al final de la vida. Este refuerzo incluye el manejo del dolor, el acompañamiento psicosocial, el apoyo espiritual conforme a las creencias de cada individuo y la asistencia a familiares y cuidadores, poniendo especial atención en una comunicación clara y en la planificación anticipada de los cuidados.

Desde la óptica clínica, la disponibilidad universal de paliativos es indispensable tanto para aliviar el sufrimiento como para asegurar que, si una persona considera la opción de ayuda médica para morir, lo haga con pleno acceso a alternativas terapéuticas y de acompañamiento. De este modo, la elección nunca sería fruto de la falta de atención, sino de una deliberación informada frente a un cuadro refractario.

Seguridad ética y resguardo del derecho a objetar por conciencia

Las y los profesionales que suscriben el desplegado enfatizan que un marco regulatorio adecuado también delimita la objeción de conciencia, brindando certeza ética y jurídica. Esto significa que quienes, por convicciones personales o religiosas, no deseen participar en el procedimiento puedan abstenerse sin temor a sanciones, siempre que se garantice la continuidad de la atención y la referencia oportuna a otros equipos. La regulación, entonces, protege la libertad de conciencia de las y los trabajadores de la salud y evita que la atención quede sujeta a decisiones arbitrarias o a la discrecionalidad del entorno.

A la vez, disponer de protocolos claros y susceptibles de auditoría hace posible que la práctica médica realizada con compasión se mantenga dentro del marco legal, quede registrada con total transparencia y reciba control por parte de las instituciones. Así, el sistema de salud se protege frente a posibles desviaciones y fija un estándar comprobable que ampara a los pacientes, sus familias y los equipos asistenciales.

Diálogo respaldado por evidencias, orientado por la ética y la empatía

El desplegado no solo respalda la aprobación de la Ley Trasciende; también convoca a más integrantes del sistema de salud, tanto del sector público como del privado, a sumarse a un diálogo riguroso sustentado en evidencia científica, principios bioéticos y una comprensión empática del sufrimiento. Abrir la conversación implica reconocer la complejidad del final de la vida, evitar el sensacionalismo y desterrar la falsa dicotomía entre “prolongar a toda costa” o “abandonar”. Entre ambos extremos hay un territorio amplio donde caben la proporcionalidad terapéutica, el alivio del dolor, la toma de decisiones compartida y, en circunstancias excepcionales y reguladas, la ayuda médica para morir.

Este llamado a un debate informado también se dirige al conjunto de la sociedad. La claridad conceptual, un uso cuidadoso del lenguaje y la difusión de prácticas clínicas adecuadas permiten que familias y pacientes entiendan sus derechos, anticipen decisiones y afronten con menos temor un periodo de gran vulnerabilidad emocional. Conversar con anticipación, dejar por escrito las voluntades anticipadas y conocer el alcance de los cuidados paliativos son acciones que fortalecen la autonomía y evitan decisiones precipitadas.

Ventajas de disponer de un marco legal definido para los pacientes y los profesionales de la salud

Contar con una ley específica genera beneficios concretos. Para las personas pacientes, aporta previsibilidad, reduce incertidumbre y asegura que cualquier decisión relevante se tome con acompañamiento profesional, libre de coerción y con garantías de confidencialidad. Para los equipos clínicos, una regulación define rutas de actuación, estandariza formatos y centraliza la documentación indispensable, lo que disminuye la exposición a procesos legales por interpretaciones cambiantes del marco penal o administrativo.

La existencia de procedimientos bien definidos también facilita la evaluación y mejora continua. Con datos sistematizados, los sistemas de salud pueden revisar resultados, identificar áreas de oportunidad, capacitar a su personal y ajustar protocolos de forma transparente. En términos de política pública, esto se traduce en lecciones aprendidas que robustecen la calidad de la atención al final de la vida y alinean a las instituciones con estándares internacionales en materia de derechos humanos y bioética.

Hacia una legislación que ponga a la persona en el centro

El mensaje expresado por más de dos mil profesionales resulta claro: México requiere un marco legal que aborde con humanidad, solidez científica y certeza jurídica las realidades clínicas más complejas. La Ley Trasciende, promovida por Samara Martínez, plantea una ruta para integrar la muerte digna dentro del derecho a la salud y para establecer, bajo salvaguardas estrictas, la regulación de la ayuda médica para morir dirigida a personas adultas que enfrentan enfermedades terminales, padecimientos crónico-degenerativos o un sufrimiento intolerable aun cuando reciben los mejores cuidados disponibles.

La responsabilidad pasa ahora al Congreso de la Unión, que tendrá que convertir el consenso clínico y social que se ha formado en una normativa precisa, viable y respetuosa de la diversidad ética. La meta consiste en establecer un marco que, sin ignorar que muchas creencias consideran la vida como algo sagrado, priorice el alivio del dolor, la autonomía bien informada y la adecuación de las intervenciones médicas. Legislar no implica dictar una sola respuesta, sino asegurar que, dentro de la ley, cada individuo pueda tomar decisiones con apoyo profesional y sin miedo.

Un debate que el país ya no puede posponer si aspira a construir una sociedad más humana

El final de la vida se presenta como un escenario donde se entrelazan conocimiento científico, humanidad y garantías individuales, y el sólido apoyo del sector sanitario a la Ley Trasciende evidencia que la discusión dejó atrás el tabú y exige claridad; establecer normas sobre la asistencia médica para morir, fortalecer los cuidados paliativos y asegurar la objeción de conciencia configura un equilibrio capaz de ofrecer serenidad a los pacientes, respaldo a las familias y seguridad a los profesionales de la salud, y avanzar en esa senda no implica ignorar la complejidad del asunto, sino asumirla y responder con rigor ético.

México atraviesa una oportunidad para modernizar su marco legal y evitar que cualquier paciente llegue al final de su vida enfrentando desinformación, sufrimiento prevenible o situaciones clandestinas. La vía planteada por quienes firmaron el desplegado propone un Estado que acompaña, atiende y respalda derechos sustentados en evidencia. Convertir esa propuesta en ley representaría un avance crucial hacia un sistema de salud más humano, claro y equitativo, donde la dignidad de cada persona funcione como guía en cada decisión hasta el instante final.

Por Bruno Saldívar

Periodista de medio ambiente y territorio, con foco en agua, energía y resiliencia local. Escribe en español y se apoya en datos públicos y entrevistas técnicas para aterrizar impactos. Su estilo es directo, con contexto y límites de certeza.