México está atravesando una fase de cambio en el sector global de dispositivos electrónicos. Tras años en los que su intervención se centraba principalmente en la maquila —esto es, en la fabricación de piezas sin un valor añadido considerable—, el país ha empezado a ascender en la cadena de valor global, estableciéndose como un punto clave para el progreso, diseño y manufactura avanzada de aparatos tecnológicos.
Este avance se ve impulsado por una combinación de factores: la reconfiguración de las cadenas globales de suministro, el fenómeno del nearshoring, la necesidad de diversificar las fuentes de producción frente a las tensiones geopolíticas entre potencias y, en particular, el fortalecimiento del ecosistema tecnológico en regiones clave como el norte y centro de México.
El área de productos electrónicos constituye un segmento significativo de las exportaciones fabriles del país. En 2023, las ventas internacionales de dispositivos electrónicos sobrepasaron los 100 mil millones de dólares, y los datos para 2024 y 2025 muestran una tendencia de crecimiento continuo. Televisores, monitores, semiconductores, piezas para computadoras y sistemas de telecomunicaciones se destacan en los productos exportados, teniendo como principales destinatarios a Estados Unidos, Canadá y varios países de Asia y Europa.
Sin embargo, lo que marca la diferencia en la actualidad no es solo el volumen, sino el tipo de producción que se realiza en territorio mexicano. Cada vez más empresas están trasladando a México actividades que tradicionalmente se llevaban a cabo en Asia, como el diseño de circuitos, la integración de sistemas inteligentes y el ensamblaje final de dispositivos de alta gama.
En regiones como Jalisco, Chihuahua, Baja California, Querétaro y Nuevo León, se han creado centros de desarrollo tecnológico que emplean profesionales con alta calificación en ingeniería, programación y diseño industrial. Las universidades, los clústeres tecnológicos y los parques industriales especializados desempeñan un papel esencial en la transformación del país hacia una economía manufacturera más avanzada.
Este progreso se aprecia en la incorporación de nuevas inversiones extranjeras directas en la industria electrónica. Compañías destacadas en la producción de semiconductores, componentes automotrices avanzados, dispositivos médicos electrónicos y sistemas automatizados han anunciado ampliaciones o nuevos establecimientos en el país. Asimismo, empresas mexicanas están empezando a construir capacidades propias, tomando parte en etapas del ciclo productivo que previamente eran exclusivas de las sedes principales o de proveedores asiáticos.
El movimiento de fábricas desde China, impulsado por el conflicto comercial con Estados Unidos y la urgencia de disminuir tiempos de envío, ha favorecido a México de manera directa. Gracias a su ubicación geográfica y a los acuerdos comerciales, México se ha convertido en el lugar perfecto para suministrar al mercado de América del Norte. Esta nueva dinámica de producción ha abierto puertas no solo a las grandes empresas, sino también a los proveedores locales que se están incorporando a las cadenas de valor globales.
El reto ahora es consolidar estos avances mediante políticas públicas que fomenten la innovación, el desarrollo de proveedores nacionales y la formación de talento técnico y profesional. La inversión en infraestructura, conectividad digital y sostenibilidad ambiental también será clave para mantener la competitividad del sector a largo plazo.
Asimismo, analistas señalan que es momento de diversificar aún más los destinos de exportación y reducir la dependencia de Estados Unidos, buscando oportunidades en América Latina, Europa y Asia-Pacífico. Esto permitirá amortiguar el impacto de ciclos económicos adversos y aumentar la resiliencia de la industria electrónica mexicana.

