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La influencia europea de los manuscritos de Francisco Hernández sobre la biodiversidad mexicana

La influencia europea de los manuscritos de Francisco Hernández sobre la biodiversidad mexicana

1. La expedición de Francisco Hernández (1570-1577)

En el siglo XVI, la Corona española envió al médico y naturalista Francisco Hernández a la Nueva España con el objetivo de estudiar la flora y la fauna del territorio. Durante siete años recorrió el altiplano central, Oaxaca y otras regiones, documentando más de tres mil especies vegetales y centenares de animales.

Su labor no se limitó a registrar denominaciones en idiomas nativos junto con sus aplicaciones curativas, sino que consolidó uno de los inventarios metódicos iniciales sobre la flora y fauna de América. Hernández retrató especies vegetales tales como el cacao, la vainilla y el tabaco, pormenorizando sus virtudes medicinales. Pese a que una fracción de su legado sucumbió al tiempo, los textos rescatados ejercieron una influencia determinante en la botánica del viejo continente y sentaron las bases para la investigación científica del entorno natural mexicano.

2. La Real Expedición Botánica a Nueva España (1787-1803)

Liderada por José Mariano Mociño y Martín de Sessé, esta empresa científica marcó un hito dentro de la historia natural del virreinato, abarcando vastas regiones que actualmente abarcan el Caribe, Centroamérica y México.

El equipo elaboró miles de láminas científicas de extraordinaria precisión, recolectó ejemplares y clasificó nuevas especies. Entre sus aportes destacan:

  • La descripción formal de centenares de plantas endémicas.
  • La creación de herbarios que sirvieron de base para estudios posteriores.
  • La integración del conocimiento indígena en la clasificación científica.

Su legado consolidó la imagen de México como uno de los países con mayor diversidad vegetal del mundo.

3. La expedición de Alexander von Humboldt (1803-1804)

A comienzos del siglo XIX, Humboldt viajó por la Nueva España junto a Aimé Bonpland. Pese a que su recorrido comprendió diversos dominios americanos, su permanencia en México resultó particularmente fecunda.

Estudió volcanes como el Popocatépetl y el Jorullo, midió altitudes, analizó corrientes marinas y describió la distribución geográfica de plantas según la altitud, sentando las bases de la biogeografía. También examinó minas, ríos y sistemas agrícolas.

Alexander von Humboldt descubrió la conexión existente entre la topografía, el clima y la diversidad biológica dentro del territorio mexicano, ofreciendo así una perspectiva global que revolucionó la comprensión de los ecosistemas.

4. La Comisión Geográfico-Exploradora (1877-1914)

Durante la época porfiriana, el régimen mexicano promovió la Comisión Geográfico-Exploradora con la misión de levantar planos y analizar científicamente el territorio nacional. Gracias a esta campaña permanente, fue posible trazar mapas topográficos minuciosos y recorrer zonas escasamente exploradas.

Sus integrantes analizaron suelos, recursos hídricos, formaciones montañosas y zonas selváticas. Gracias a sus informes se identificaron áreas de gran riqueza forestal y mineral, lo que influyó en políticas económicas y de infraestructura.

La Comisión contribuyó a consolidar una visión científica del territorio nacional, integrando conocimiento geológico, botánico y climático.

5. Las exploraciones del Instituto de Biología de la Universidad Nacional (siglo XX)

Tras la Revolución mexicana, el fomento a la ciencia nacional impulsó la fundación de organismos orientados a la investigación de la biodiversidad. Científicos del Instituto de Biología llevaron a cabo exploraciones metódicas en selvas como la Lacandona, así como en los desiertos norteños y los arrecifes caribeños.

Entre sus hallazgos se encuentran nuevas especies de anfibios, reptiles y plantas endémicas. Además:

  • Se establecieron colecciones nacionales de referencia.
  • Se documentaron ecosistemas amenazados.
  • Se promovió la formación de científicos mexicanos especializados en taxonomía.

Estas expediciones fortalecieron la soberanía científica y ampliaron el conocimiento sobre la megadiversidad del país.

6. La exploración de la Selva Lacandona (décadas de 1940-1970)

La Selva Lacandona, en Chiapas, fue durante mucho tiempo una de las regiones menos estudiadas de México. Diversas expediciones multidisciplinarias documentaron su extraordinaria riqueza biológica.

Se documentaron centenares de especies de aves, mamíferos tales como el tapir y el jaguar, además de una vasta variedad de plantas tropicales e insectos. Las investigaciones evidenciaron el valor crucial de la selva en calidad de reguladora del clima y depósito genético.

Estos trabajos impulsaron la creación de áreas naturales protegidas y evidenciaron la urgencia de conservar ecosistemas frente a la deforestación.

7. Las expediciones oceanográficas en el Golfo de California

El Golfo de California, catalogado como uno de los mares más ricos en biodiversidad del mundo, fue escenario de numerosas expediciones científicas a lo largo del siglo XX. Diversos expertos, tanto mexicanos como internacionales, analizaron sus corrientes, su lecho marino y su flora y fauna endémicas.

Se identificaron numerosas especies de peces, mamíferos marinos y organismos microscópicos. Los estudios revelaron la singularidad evolutiva de la vaquita marina y la importancia de los arrecifes y manglares costeros.

Estos hallazgos fueron determinantes para comprender la dinámica marina mexicana y promover estrategias de conservación en un entorno sometido a intensa actividad pesquera.

8. Las exploraciones actuales en las grutas y cenotes de la península de Yucatán

Durante los últimos años, diversos grupos multidisciplinarios han investigado los ríos subterráneos y complejos cavernarios situados en Yucatán y Quintana Roo. Dichas exploraciones han integrado la geología, la biología y la arqueología.

Los científicos han revelado:

  • Especies adaptadas a la oscuridad total.
  • Restos paleontológicos de megafauna extinta.
  • Evidencias sobre cambios climáticos antiguos.

Más allá de su interés científico, tales investigaciones facilitan la comprensión acerca de la vulnerabilidad de los acuíferos de los cuales dependen millones de individuos.

La revelación de un territorio megadiverso

Desde los albores de la exploración naturalista en el siglo XVI hasta las misiones submarinas y subterráneas de la actualidad, toda misión científica ha sumado elementos fundamentales para comprender la intricada red ecológica de México. Los picos volcánicos, las densas selvas, los áridos desiertos y las profundidades marinas han sido objeto de descripciones, mediciones y nuevas lecturas a lo largo de más de cuatrocientos años.

Estas expediciones no solo ampliaron el conocimiento académico; también moldearon políticas públicas, impulsaron la conservación y fortalecieron la identidad nacional ligada a la riqueza natural. La naturaleza mexicana, observada con rigor y asombro, se revela como un entramado de ecosistemas interdependientes cuya comprensión exige exploración constante, compromiso científico y responsabilidad colectiva.

Por Bruno Saldívar

Periodista de medio ambiente y territorio, con foco en agua, energía y resiliencia local. Escribe en español y se apoya en datos públicos y entrevistas técnicas para aterrizar impactos. Su estilo es directo, con contexto y límites de certeza.